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El futuro de los antibióticos en la producción porcina

Pedro Rubio Nistal

El futuro de los antibióticos en la producción porcina

Los antibióticos se han usado en producción porcina con tres propósitos “confesables”: como terapéuticos para tratar enfermedades, como profilácticos o metafilácticos para prevenirlas y como promotores del crecimiento, aunque este último uso ya está descartado. También se han usado ampliamente con propósitos “inconfesables” para encubrir errores de manejo, alimentación, alojamiento, etc. y el desconocimiento de algunas enfermedades.

Las resistencias a los antibióticos son consideradas un problema sanitario mundial por la OMS y otros organismos implicados en la salud humana y animal. No son una consecuencia directa del uso de antibióticos: los genes de resistencia son un mecanismo de supervivencia en las bacterias que es muchos millones de años anterior al uso de antibióticos. Este uso lo que ha hecho es una presión selectiva sobre esos genes y ha favorecido su diseminación y su transmisión de unas bacterias a otras. Las resistencias son hoy un problema grave en medicina humana y en también en medicina veterinaria: cada vez es más frecuente la necesidad de hacer antibiogramas ante los fallos o ineficacias de los tratamientos con antibióticos que antes eran muy eficaces.

 

Otra consecuencia del uso de antibióticos en cerdos, a la que se concede cada vez mayor importancia, son las alteraciones que provocan en la microbiota digestiva, que se traduce en distintos grados de disbiosis con consecuencias sanitarias y productivas. Estas disbiosis son actualmente un problema en producción porcina porque se está trabajando con cerdos con rendimientos impensables hace unos años y con su fisiología forzada al máximo, lo que les hace mucho más sensibles a las alteraciones digestivas.

Hay una idea que hay que tener meridianamente clara: la era de los antibióticos en producción porcina, tal y como la hemos conocido los que ya tenemos algunos años, se acabó. La legislación al respecto es cada vez más restrictiva y la puesta en marcha de mecanismos de control de su prescripción por el veterinario y de su utilización en la granja obliga, y progresivamente obligará más, a restringir su uso.

Por otra parte, las grandes compañías farmacéuticas invierten cada vez menos en la investigación de nuevos antibióticos sencillamente por su escasa rentabilidad. La mayoría de los antibióticos veterinarios proceden de su uso en medicina humana y para las empresas es mucho más rentable invertir en investigar por ejemplo en tratamientos para enfermedades crónicas, que requieren una medicación continua, que invertir en antibióticos que se van a usar solo durante un tiempo limitado.

Es muy orientativo lo que está sucediendo a nivel mundial. Las grandes asociaciones de consumidores, que son un lobby de gran peso, están haciendo una presión enorme para que se restrinja su uso. Incluso en países que tradicionalmente han sido mucho más permisivos que la UE como Estados Unidos, se ha puesto en marcha (marzo de 2015) desde la Casa Blanca un denominado “National Action Plan for Combating Antibiotic Resistant Bacteria” que ha desembocado en la consecuente legislación restrictiva.

También es muy importante señalar el hecho de que el no uso o el uso mínimo y controlado de antibióticos es ya una marca de calidad y una estrategia de marketing que emplean países enteros, como Dinamarca u Holanda, para diferenciarse de sus competidores en la exportación de carne de cerdo, como España. Aún es más significativo que las grandes cadenas de comida rápida americanas estén promocionando que su carne de pollo se ha producido sin antibióticos (y algunas empiezan a hacer lo mismo con la carne de cerdo).

Ante estos hechos imparables, es necesario buscar alternativas a todos los niveles. Sin duda, las formas de producción tienen que adaptarse a esta nueva situación y los grupos de investigación están, y estamos, trabajando también en alternativas, como pueden ser nuevas vacunas o el uso de fitoterápicos, péptidos antimicrobianos, inmunomoduladores o probióticos y prebióticos entre otros. Consideramos muy importante que tanto la administración como el sector productor tomen conciencia de la necesidad de potenciar esta búsqueda de alternativas que indudablemente encontraremos.

En definitiva se ha acabado la era de los antibióticos y entramos en la era postantibiótica. Podemos o no estar de acuerdo, pero es una realidad y todos los implicados en la producción porcina hemos de adaptarnos a ella.

Pedro Rubio Nistal
Catedrático de Enfermedades Infecciosas y Epidemiología del Departamento de Sanidad Animal (Universidad de León)